viernes, marzo 18, 2005

Si te pica rascate

Los Piojos nuevamente pasaron por Córdoba dejando más de 13mil personas infectadas con su locura. Esta vez las cabezas picaron dos noches seguidas, igual que el año pasado.
Los afiches amarillos inundaban el centro de la ciudad de Córdoba y las entradas se vendían de a cientos. Todo hacía pensar que el jueves 10 de junio y el viernes siguiente serían una sola fiesta. Los Piojos volvían a Córdoba, esta vez presentando Máquina de Sangre.
El jueves las inmediaciones del Orfeo se poblaron temprano. Los más fanáticos intentaros presenciar la prueba de sonido, cosa muy difícil debido a que la estructura del lugar prácticamente no deja escapar sonidos. El show estaba previsto para las 21:30, pero el súperclásico hizo que se retrasara casi una hora. En los pasillos del lugar el comentario se repetía: "Seguro se quedaron viendo el partido".
Las luces se apagan y el piojo rojo situado sobre el escenario se ilumina. Pianos y gaitas suenan mientras cientos de encendedores decoran la escena. Ciro entra tocando en su guitarra Te diría y los problemas de sonido pasan casi desapercibidos entre tanta euforia. Chatctuchatc y Taxi Boy, la locura ya no tiene paralelos y en el campo todos se funden en un solo pogo. Set instrumental y el primer mensaje a su público: "Siempre que venimos, cada vez somos más. Dos Orfeos!", dice un Ciro intentando demostrar asombro. Y es que después de lo logrado en Velez, pocos dudaban que su paso por Córdoba fuera un éxito. Si bien el record lo mantiene La Renga con su show en el Chateau (sin contar la última presentación de Los Redondos), ésta última presentación los dejó peleando cabeza a cabeza con la banda del Pelado Cordera en cuanto a masividad.
Sergio Sanchez se suma para tocar Labios de Seda, y en la pista de baile suena Ay ay ay mientras todos los presentes siguen los pasos de los animadores, cual fiesta en Bariloche. Un tema para los enamorados "de alguien que inexplicablemente sigue con su pareja", y el discurso más aplaudido: "Me voy a nacionalizar cordobés. ¿Ustedes también? (le pregunta a la banda) ¿Y si nos nacionalizamos cordobeses, ustedes nos van a tratar bien?... Yo quiero ser cordobés", dijo Ciro.
Desde temprano una bandera con la imagen de Maradona rezaba la leyenda "dicen que salio de un sueño". En la pantalla imágenes de las mejores jugadas de Diego y en el escenario el ritual del botín y el tema que lo homenajea. Luego, todo vuelve a la normalidad con Babilonia y Dientes de Cordero, para realizar el primer parate para solucionar los problemas de sonido.
La maquinaria a pleno
Cambios de escenografía y el rojo lo inunda todo. Comienzan a caer los temas de su último disco y Fantasma es el primero en llegar. Entrando en tu ciudad, Desde lejos no se ve, Te necesito y, dedicado a los viejos piojosos, Canción de cuna. El show se iba consumiendo poco a poco, pero la energía de la gente estaba intacta. Los temas seguían pasando y Ciro retoma su armónica. En el campo se despliega el trapo más famoso de Córdoba, esa bandera argentina que luce todos los "piojos" de los distintos discos y la frase: "Los crotos de Córdoba", en clara alusión a la "docta". No podía faltar el clásico solo de armónica Ho Susana. Motumbo y después Fijate, interpretado por Miky en el centro de la escena.
Momento de las máscaras y suena el tema Maldiciendo. Las pelotas rojas con la estampa del nuevo logo bailan sobre la gente y desaparecen poco a poco, seguro producto de algún agujero de cigarrillo intencional para ser llevara de recuerdo, mientras suena Farolito y el tributo a Sumo de la mano de La Rubia Tarada. Amagan con retirarse pero los bises eran reclamados fervientemente. Uniformados como en su video clip, vuelven para cantar Como Alí, Shup Shup y El balneario de los doctores crotos. El clásico baile de espaldas con su careta negra y la murga con sus bailarines sobre y bajo el escenario. La despedida fue con Finale, como es de costumbre, mientras nombraban todos los trapos que vestían el lugar.
Un show característico de Los Piojos, solo que más pulido. La puesta en escena fue impecable y los aderezos en escenografía e iluminación fueron contundentes. Una banda que, indiscutiblemente, ha roto las barreras del rock para transformase en ATP (apta para todo público) y llegar así a todo el país. Parecen no tener frenos ni límites y son tan odiados como amados. Por ahora la fórmula del éxito parece estar dando resultados y no hay lugar para la duda cuando se afirma que la maquinaria piojosa tiene mucho por recorrer, y sin grandes sobresaltos.

Fuente Rock.com.ar

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