Andrés Ciro trata de esquivar la reflexión sobre el lugar que ocupa como icono del fenómeno social y cultural que su banda genera. Pero quizás sus seguidores, tampoco se lo pidan. Finalmente, todo está dicho en las canciones y es el llamado ritual piojoso, donde la catarsis grupal vive su nirvana. El público mendocino lo sabe bien, está llamado a convertirse en el eje extramusical de cualquier recital que monten Los Piojos. Se trata de una convención que influye, inclusive, en el universo cancionero del grupo. Explica Ciro: “Tengo en cuenta el hecho de transmitir algo en vivo como si se tratara de un texto teatral, que tenga un cierre de sentido. No hay que perder de vista que existe alguien que escucha. La música es para la gente más que el regocijo de uno mismo. Uno escribe pensando en la comunicación directa con la gente que tiene enfrente. Y en ese momento, las letras crípticas, pensadas en función del disco, de una obra sonora, no funcionan. Los discursos tienen que ver con el show en vivo”.
La banda estuvo el año pasado: hizo dos fechas en Pacífico. “Esa vez creo que tocamos sólo dos temas de Máquina de Sangre”, recuerda el cantante. Mañana y el sábado (ver aparte) presentarán este trabajo y el repertorio habitual para que el tan mentado encuentro con sus fans suceda una vez más.
-Vienen de meter noventa mil personas en el estadio de Vélez Sársfield. ¿Cómo se baja de esa adrenalina y se preparan para un show un poco más acotado?
-Cuesta un poco volver, adaptarse. Porque uno viene volando y debe aterrizar, necesariamente. Es un proceso que sucede de a poco y lleva un par de días. Pero no creo que estemos hablando de un show más acotado. El hecho de tocar en un lugar cerrado hace que el show sea más caliente. Además, como la gente del interior no nos ve tan seguido, hay otra energía, otra adrenalina. En algún punto, termina siendo muy emocionante.
-¿Y cuál es la motivación cuando, por el éxito que tienen, ya tienen un sí de antemano?
-El sí en esta vida no lo tiene nadie. Si nosotros hacemos una canción o un disco que al público no le guste vamos a tener un no seguro. Siempre puede pasar eso, a la gente no la podés manejar.
-En Motumbo hay una línea que dice: “Rompe si ya no estás creyendo”. ¿Qué cosas te harían romper con este proyecto actual?
-Creo que para que algo se rompa primero tiene que bajar. En todo caso, trataré de que eso no pase. Una de las formas es tratar de no repetirnos ni aburguesarnos. Fijate que siempre estamos en esa búsqueda. Si escuchás los hits vas a ver que ninguno se repite, que no hay una fórmula parecida. No creo que haya límites para un grupo de rock. Hasta en el estilo más antiguo que abordamos, hasta el más tradicional, ponele blues o rhythm & blues, nos queda mucho por aprender.
-Es muy difícil convertirse en un ídolo en este país ¿cómo lo manejás en tu cabeza?
-No tomo ninguna precaución. Ni pienso en esto. Sí, trato de cuidar a la gente que me rodea, como haría cualquiera. Pero tampoco es que tenga problemas con las personas que me conocen. Ellos están felices si a mí me va bien. Además de chico siempre soñé con esto.
-¿Ser famoso?
-Tocar en una banda y llenar estadios.
-¿Y ahora con qué soñás?
-No es que ahora sueñe con ser astronauta (se ríe). Ahora sueño con mantenerme. En este momento nos va muy bien pero lo más difícil es mantenerse.
-En Dientes de Cordero le cantás a los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Después de todo lo que pasó, ¿como ves a Néstor Kirchner?
-Me gustan algunas cosas y otras no tanto. Al principio me interesó su discurso sencillo. No vendía nada que no fuera a hacer, como sí lo hizo el menemista. Ya desde el discurso de asunción presidencial, la emoción que transmitía, el hecho de que estuviera con la hija y todo eso me pareció algo opuesto a lo que era el turco. Pero también es cierto que todavía no sabemos si realmente va a haber una reactivación de la economía. Hay que esperar.
-Sos lector de Jauretche, quien ha hecho una radiografía muy aguda del medio pelo argentino. Me imagino que ahora se te acercarán muchos...
-Les corto el rostro, me doy media vuelta y me voy...
-¿Son muy cerrados como grupo?
-Lo que pasa es que cuando te empieza a ir bien, se te acerca cada uno... Siempre aparece alguno que te ofrece la última maravilla...
La máquina está en marcha
-¿Dé dónde salió el nombre Máquina de Sangre?
-Se me ocurrió en una gira. Estábamos en Córdoba. Me di cuenta de que detrás de las canciones y la música había un montón de gente, las estructuras que mueven Los Piojos a nivel de organización. Todo, en definitiva, depende de la transpiración y de la sangre para que signifique algo. Por otro lado, tiene muchas implicancias porque el disco tiene mucho corazón. Toda esa sangre hace que ese corazón lata y se comunique de alguna manera.
-¿Cómo te ves de aquí a 10 años?
- No sé, creo que ni sé lo que voy a hacer en media hora.
-¿Entonces, cómo te gustaría que se recuerde a la banda en alguna “enciclopedia” del rock argentino?
-Me parece que no me importa. Prefiero que lo haga la gente. Sí, que la gente nos recuerde con cariño, con nostalgia y admiración. Como pasa con los músicos que para uno han sido muy importantes en algún momento de la vida.
Guía para los dos rituales en Pacífico
Habitualmente, los show de Los Piojos son muy bien organizados. La clave de mañana y pasado será la puntualidad. La banda pidió apertura de puertas para las 19, porque su idea es comenzar exactamente a las 21. Para ello, se recomienda llegar con anticipación y prestar atención a los accesos asignados. Desde las 18, todos aquellos que no posean entradas las podrán adquirir en las boleterías del estadio. Igualmente, hasta las 16 del día viernes se podrán comprar en los lugares establecidos, como son Tarjeta Nevada y Mohicano Rockería. También se solicita no llevar pirotecnia, fuegos de artificio, elementos contundentes, cámaras fotográficas y filmadoras y botellas.
Los Piojos llegan a este doblete después de llenar dos veces el estadio de Vélez y de tocar durante dos días en el Superdomo Orfeo de Córdoba. Los próximos shows serán en Santa Fe (2 y 3 de julio en el estadio cubierto de Unión).
Fuente Los Andes On line

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