Andrés Ciro Martínez es la estrella de rock que todos quieren escuchar. O leer. La Voz del Interior pudo conversar con él a escasos días de haber reunido 90 mil personas en Vélez Sársfield.
–¿Cómo bajar del pedestal después de reunir a tanta gente?–Cuesta un poco volver, adaptarse. Porque uno viene volando y debe aterrizar, necesariamente. Es un proceso que sucede de a poco y lleva un par de días. Es que la experiencia de un concierto es algo que se vive con mucha adrenalina.
–Piensan superar el récord de convocatoria de Los Redondos. ¿Importa la cantidad de gente que se lleva?–¿Cuál es el récord? Ellos hicieron dos River, ¿no? En un momento, se verá. No depende de nosotros, en realidad.
–¿De qué depende, entonces?–De que venga más gente (risas). Nosotros vamos a seguir nuestro camino. Si la gente crece, mejor. Si no, igual seguiremos haciendo música.
Atención, concentración–¿Cómo concentrarse en la música cuando lo que hacés tiene tanta resonancia?–Cuando tirás el primer acorde, ya estás en situación de música. Uno cuando hace música, hace música. Y cuando juega al fútbol, juega al fútbol. Toda actividad demanda toda tu atención y concentración. Y en esto, empezás a tocar y es la música la que la reina. Nosotros disfrutamos zapando, preparando nuevos temas. Y es un medio interesante para rescatar lo más profundo que tenés. Es como el actor súper famoso que gana millones y, de repente, tiene que hacer de taxista que se rompe el c... Mientras hace el asado, uno no piensa en otra cosa que no sea el asado. Hay un cuento zen que dice cuando se barre, se barre.
–¿Les queda algo por probarse? ¿Creés que tocaron un límite y deben cambiar?–No creo que haya límites para un grupo de rock. Hasta en el estilo más antiguo que abordamos, hasta el más tradicional, ponele blues o rhythm & blues, nos queda mucho por aprender.
–¿Qué te produce escuchar que Los Piojos son un fenómeno social y cultural? ¿Creés que se está subestimando tu música?–Eso me produce alegría y, en cierto punto, asombro. Eso se está diciendo mucho ahora, pero hace tiempo que veíamos cosas raras, aunque en menor escala. Fenómenos como que viniera gente grande, o que alguno trajera a sus niños. O que nos manden e mails diciendo que diferentes generaciones de la familia gustan del grupo. Cosas así, ahora pasan en un nivel masivo.
–¿Le encontrás alguna explicación?–Lo que hacemos, llega; esa es una realidad. Siempre usamos un lenguaje directo, claro. No somos elitistas en nuestra manera de expresarnos. A mí siempre me gustaron las letras que me llegan, que se entienden, que me transmiten algo. Eso me interesa más que las palabras sueltas.
–Sos socialista hasta en el uso del lenguaje.–Sí, digamos que prefiero que todos entendamos de que hablamos antes que una cosa elitista. Las canciones herméticas me pueden gustar. De hecho, hice cosas por el estilo. Pero no prosperaron y terminé eligiendo las más claras. Todo esto tiene que ver con el show en vivo. Uno escribe pensando en la comunicación directa con la gente que tiene el frente. Y en ese momento, las letras crípticas, pensadas en función del disco, de una obra sonora, no funcionan. Los discursos tienen que ver con el show en vivo.
–¿Acaso la experiencia-estadio de condiciona a la hora de escribir?–No, no dije eso. Hablo de el hecho de tocar frente a alguien. Sean 100 o 100 mil personas. Uno puede haber compuesto algo absolutamente personal, en la soledad de su habitación, pero las veces que lo expuso no funcionó. Tengo en cuenta el hecho de transmitir algo en vivo como si se tratara de un texto teatral, que tenga un cierre de sentido. No hay que perder de vista que existe alguien que escucha. La música es para la gente más que el regocijo de uno mismo.
Discoteca y anonimato–¿“Cómo Alí” es una ironía sobre cómo se recepta la música electrónica? ¿Te gusta ese tipo de música? ¿Sos de ir a bailar? ¿Sos lo que se dice un clubber (que va a clubes)?–No me gusta cerrar los temas a una determinada consideración (se ofusca). Los temas, en sí mismos, son lo bastante ricos como para que uno tenga que explicarlos. Todo depende de la interpretación de cada uno, ¿no? Y no me considero un clubber, pero a veces voy a un boliche porque allí disfruto de un relativo anonimato y conozco gente. Algunas de cosas de la música electrónica me gustan, nos soy ningún fana.
–Bueno, entonces puede decirse que alguna vez fuiste a una discoteca y obraste como hábil observador para escribir una canción.–Eso puede decirse. Fui un observador ocasional más que un habitué de las discos. Tampoco es que tenga algo en contra del género electrónico, pero puedo haber ironizado a partir de la publicidad exagerada que tiene.
–Como argentino promedio y como amigo personal de Diego Maradona, ¿qué hubieras hecho si estuviera a tu cargo?–Algo parecido a lo que hizo la familia. Hay casos en los que no hay mucha opción. Uno tiene que tomar la decisión porque, a veces, la persona afectada no tiene el poder de evaluar su propia situación por una cuestión anímica o clínica.
–¿Es el caso de Diego una alerta para la experiencia desenfrenada del rock?–Es un ejemplo de que hay cosas con las que, en ciertos niveles, no se jode.
Los shows: Los conciertos de Los Piojos comenzarán, tanto el jueves como el viernes, a las 21.30. Presentarán Máquina de sangre. Entradas a $ 25, $ 18 y $ 20 (campo). De estas últimas sólo quedan para el jueves. Las del viernes ya se agotaron.
Fuente Cordoba.net

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