viernes, marzo 18, 2005

El sabor de la revancha

Tras un accidentado River y un Cosquín a media máquina, la banda dio lo mejor para un público encendido.
El show con que Los Piojos reventaron la cancha de Vélez (más de 45.00 personas), el sábado a la noche, tuvo cierto sabor a revancha. Luego de los problemas de sonido que complicaron el concierto en River, y del set a media máquina que ofrecieron en Cosquín, esta vez salió todo a pedir de boca: audio, luces y pantallas funcionaron bien, y la banda hizo lo que mejor sabe durante poco más de tres horas casi ininterrumpidas, en las tocaron los temas de sus seis discos en estudio, incluido el último, Máquina de sangre. Y no sólo eso, sino que van a repetir. Pero por la lluvia, el recital de ayer ayer se pasó para el martes a las 19 (valen las mismas entradas).
A las 20.20, casi una hora después de lo anunciado, un Vélez en el que no cabía un alfiler recibió con una ovación a la banda de Palomar. Te diría y Desde lejos no se ve encendieron a la multitud y también una cantidad asombrosa de bengalas. Desde las plateas, muchísimos padres intentaban contener a sus nenes y nenas… no sólo preadolescentes, nenes y nenas de verdad.
Luego del dúo de Ciro Martínez con Mimi Maura en Amor de perros, un rugido se anticipó a lo que venía. Cuando el líder de la banda colgó de su micrófono los botines que el Diez le regaló a la banda, ya no cabían dudas: iban a tocar Maradó.
El sonido inicialmente tuvo algún problema de planos (las guitarras de Gustavo Kupinski y Piti Fernández estaban un poco bajas), pero el tema ya se había solucionado para el cuarto tema. Cuando Ciro le cedió el micrófono a Piti (en Reggae rojo y negro) y al bajista Micky Rodríguez (en Fijate), todo funcionaba bien.
En Fumigator reflotaron la vieja idea de los actores disfrazados de cucarachas bailando en el escenario. Y para Canción de cuna aportaron sus vocecitas las hijas de Ciro, Katia y Manuela. Los invitados fueron recibidos con aplusos cerrados: Omar Mollo puso su voz de vago de mil caravanas en Yira yira, Pappo se prendió fuego en sus Blues del banquero y Descortés, y Ricardo Mollo aportó su cuota de lirismo de guitarra en Morella.
El estadio de Vélez latió cuando llegaron pegaditas El balneario de lo doctores crotos y el hit Como Alí. El ritual indica que llegado Finale, los miembros de la banda leen la infinidad de banderas de su hichada y allí termina el show, así que muchos emprendieron la retirada apenas empezó la canción, pero… romper las propias reglas nunca viene mal, o al menos así lo entendieron Los Piojos, que obligaron a muchos a volver corriendo cuando, luego de la despedida, sorpresivamente tocaron Babilonia, viejo caballito de batalla del grupo. Al fin, se despidieron con un "hasta mañana, los que puedan". Será hasta el martes, en realidad, pero Los Piojos tuvieron su esperada revancha, y por partida doble.

Fuente Diario Clarin

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