viernes, marzo 18, 2005

El Ritual de las hinchadas de Rock (nota a Lugano Piojoso y Mocosos del Oeste)

Plaza Once presenta el mismo aspecto de todos los sábados al atardecer. Un pastor de traje predica, tres prostitutas caminan la zona y un par de policías comen medialunas al lado de la parada del 32. Un detalle que rompe con la monotonía: junto a la boca del subte, sobre Rivadavia, cinco pibes de 20 años promedio despliegan un arsenal de banderas que pronto colgarán sobre las rejas del monumento del medio de la plaza, como si fuese el alambrado de una cancha de fútbol. No hay nada más parecido al folklore del fútbol que el folklore de Los Piojos. “Mirá, éste me lo hice porque es lo más.” Ariel, de 18 años (mandaron fruta aca, tengo 21) e hincha de Boca, muestra un Maradona de cuerpo entero tatuado en su pierna. “Cuando arranca una canción que me gusta, por ejemplo Quemado, se me pone la piel de gallina, como si fuera un gol.” Patricio, Martín, Juanjo y Juan ratifican. Más allá de Maradó hay elementos que unifican a la banda con el fútbol y engloban el sentir de sus incondicionales. No existe cancha, de ascenso o Primera, que prescinda de banderas piojosas. Tampoco club que no esté representado en cada show. “La puerta de la cancha de San Telmo está toda pintada con cosas de Los Piojos”, cuenta Martín, agitando unas diez pulseras con los colores de River. “El fútbol y la música te salvan, loco. ¿En quién creer...? ¿En los políticos?”, pregunta Juan. “Son dos vías de escape que te permiten huir de esta vida de mierda”, razona Patricio, cuyo tema preferido es Angelitos. Con alguna excepción (los tres aplausos y el movimiento de muñecas en Ay, ay, ay o la mención de todas las banderas en Finale), cada ritual es muy similar a lo que ocurre con La Renga (ver aparte). Martín cuenta que se fue a Mar del Plata con monedas que pidió en las calles de Ramos Mejía, y opera como arquetipo del piojoso que viaja por todo el país, gasta buena moneda en petardos o se junta antes del recital para llegar a la cancha en grupo. “Lo más importante es el show que les hacemos. Es un ida y vuelta. Nosotros ponemos las banderas, la fraternidad; y ellos, la música. Por ahí te jode que te pasen los gordos transpirados por encima, pero ves un chabón con una bengala y te emocionás”, dice Juanjo. Para los chicos, hay un ser piojo definible. Martín asegura que hay que ser piojoso “en sí” y Juanjo aporta: “Si vas a un recital y ves a un chabón con un celular y una carterita, ese tipo no es un piojo. El piojo está todo chivado, tiene una remera vieja del grupo y las Topper”. “Además es de clase media baja, detesta las letras boludas y lo muy comercial”, clarifica Patricio. Entre los gustos del piojo, resaltan además Intoxicados, Divididos, Bersuit, Sumo, Las Pelotas, La Renga... Lo que determina otra singularidad: el patriotismo. Siguiendo al Ciro de San Jauretche o Globalización, los chicos sostienen un nacionalismo prudente. Dice Patricio: “Yo quiero a mi patria, pero no creo que una nación sea más importante que otra. El nacionalismo tiene su cosa de mierda. Eso sí, somos antiimperialistas... y amamos a la Selección”. Ninguno discute la afirmación. Todos, a su turno, trabaron algún tipo de relación espontánea con los músicos: Juanjo estuvo en la casa de Micky, Juan se encontró con Ciro, mientras la policía lo “enganchaba” como testigo de un choque –”le dije: ‘Te sigo a todos lados, no puedo creer esto’... Y me preguntó qué me había pasado”– y Juanjo le vendió un diario a Tavo en un puesto de Santos Lugares. “No caía, me daba un peso y le dije: ‘No, loco, vale 1,30’”, cuenta y todos se ríen. “Sí, a mí no me descuentan el valor de la entrada”, justifica. Pese a la admiración que sienten por Los Piojos, los ven iguales y perfectibles. “No me gusta que no den entrevistas, salvo a la Rock and Pop. ¿Cuál es el contacto que hay entre nosotros y ellos, más allá de los recitales? No digo que los entrevisten todo el tiempo porque no son Mambrú, pero una cada tanto pueden dar”, se queja Patricio. Juanjo agrega un dato mal visto desde la tribuna: “Cantan Globalización y después van a tocar a Estados Unidos”.”Estaría bueno que vuelvan a los lugares chicos, como La Renga”, pide Martín, para no perderse la oportunidad de decirles algo a sus héroes.

La caravana de la discordia
“Pensamos que venían los de La Renga en lugar tuyo, nos cagaban a trompadas y nos afanaban los trapos”, sorprende Juanjo, uno de los fanas piojosos. Entonces, ¿hay pica entre ambas “hinchadas”? Ocurre que los rengos dicen que los pijos –así los llaman– les copian todo. El detonante fue la caravana que hicieron unos 2 mil “rengos” para el último River, y que repetirán los piojos para el recital de este fin de semana en Vélez. “La pica es porque dicen que Los Piojos hacen lo mismo que La Renga. Yo no comparto eso, aunque hay que reconocer que lo de la caravana fue idea de la gente de La Renga. Además, Los Piojos se caracterizaron un poco”, comenta Queju. La hinchada piojosa tiene su versión. Organizaron dos caravanas a Vélez –la columna este que partirá de Plaza Flores y la columna oeste lo hará desde Ramos Mejía– y disienten con que la idea fue al menos compartida. “Cuando Los Piojos tocaron en River, saltó la idea de hacer la caravana y no se concretó. Pero ellos piensan que nos copiamos y quieren venir a arruinar la caravana. Ya fue”, dice Ariel. Prosigue Patricio: “Con la verdadera gente de La Renga está todo bien, creo que los que empezaron a ir ahora pudrieron todo. Buscan picardía y es una gilada. ¿Por qué La Renga hizo una caravana y nosotros no podemos? Con ese criterio, que nadie vaya a Luján y listo”.

Fuente Suplemento No

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